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Celebración de la pasada Semana Santa. Misión 2016 año de la Misericordia.

Desde Sierra Leona, una zona que hace solo unos meses era llanto y pena, asolada por la enfermedad, la Hna. Mariluz Roa, Misionera Clarisa, comparte una experiencia alegre, optimista y reconfortante.

“Un grupo de misioneros religiosos y seglares dejaron sus parroquias y salieron a las villas perdidas en el extenso Distrito de Port Loko: Gabanama. Mange Bureh, Makoth. Makantah y Rokolo. La salida fue el jueves santo, muy temprano; ligeros de equipaje, con la confianza en Dios que toca los hombres y con un corazón humilde que siempre fructifica, iniciamos la misión.

Las comunidades con quienes compartimos la celebración del misterio pascual son pequeñas, con una docena de adultos aproximadamente y cientos de niños abiertos a la llamada del misionero.

La villa que se nos ha quedado en la mente y en el corazón, es Rokolo. Actualmente formada por una cuarentena de personas, en su mayoría niños que se agrupan en unas 12 chozas. El entorno es bello y sus habitantes, todos musulmanes, son amables y tienen el maravilloso don de la gratitud. Su contacto con el Padre Jose Radilla, Misionero de Cristo, data del año 2015, cuando la villa entera fue declarada en cuarentena. El misionero les visitaba a diario y les proveía de comida, medicinas, y lo que llegaba a sus manos. Cada día se interesaba por su salud, les preguntaba por sus necesidades y oraba con ellos cuando uno de sus miembros moría a causa del Ébola.

El ultimo día de su cuarentena, el padre les invito a dar gracias a Dios porque no habían muerto tantos, y sin pensarlo mucho les dijo: ¿Qué tal si mañana, para dar gracias a Dios, les celebro la santa Misa? Ellos, también sin pensarlo mucho, aceptaron. Al día siguiente, el misionero encontró la villa limpia, la gente, con sus mejores vestidos. En la celebración eucarística se tuvo en cuenta la participación del imán. Al final de la misa, el misionero les pregunto, que les había parecido esta. Ellos contestaron que les había gustado y le pidieron que cada sábado fuera a celebrarles… así se ha hecho desde el término de su cuarentena… El amor ha hecho este milagro, escondido a los ojos de los hombres y que hace sonreír al corazón de Dios.

Allí fuimos esta semana santa, a rezar el viacrucis, a dar charlas, a ensen¡ñar el canto de los 10 mandamientos, y  glorificar a Dios que se revela a los corazones humildes.  Allí hay pobreza de todo tipo, pero ahí esta Dios y ellos le ven…”




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